Nuestra Historia
Siguiendo la Visión Celestial: Nuestro Legado
La historia de la CONIBAH es el testimonio vivo de la providencia de Dios en Honduras. Lo que comenzó a finales de 1945 con el aparente percance mecánico de un automóvil misionero en el sur del país, encendió la chispa de un movimiento nacional basado en la evangelización, la hermandad y el servicio. Basado en el registro histórico de la obra "Siguiendo la Visión" del Dr. Stanley D. Stamps, le invitamos a explorar las etapas fundamentales que forjaron nuestra convención. Haga clic en los siguientes capítulos para desplegar nuestra historia:
El Llamado Providencial (1945 - 1946)
A finales del año 1945 William Jackson Webb, misionero veterano, viajaba de Torreón, México, hacia San José, Costa Rica. Su automóvil se dañó en el pueblo de El Banquito, San Marcos de Colon en el departamento de Choluteca, Honduras, cerca del lindero entre Honduras y Nicaragua. La reparación requeriría de dos días, lo que dejó a Webb sin nada que hacer. Pero Webb, un tipo diligente, comenzó a visitar la aldea y conversar con los Habitantes. Tres familias expresaron interés en la Biblia. Una vez reparado su vehículo continuó su viaje. Al regreso pudo visitar de nuevo el pueblo otra vez. Este pequeño grupo de personas luego hizo contacto con Pablo Bell, misionero de los Bautistas del Sur en Panamá expresando su deseo de que les visitara. Bell, su hijo Pablo, y un pastor nicaragüense llamado, Aurelio Gutiérrez cumplieron este deseo antes de un año. Así comienza nuestra historia.
La Junta Misionera Foránea, de la Convención Bautista del Sur, había comenzado a tener interés en América Central en los inicios del año 1946. La primera mención de Honduras como un posible campo misionero se encuentra en un informe dado el 9 de abril de 1946 por el Dr. Everest Gill, secretario para América Latina.
Luego de un mes, el 9 de mayo de 1946, el Dr. Gill informó a la Junta que «el comité de América Latina recomienda que la Junta Misionera Foránea (JMF) inicie obra en América Central, durante su reunión del 9 de octubre, la junta acordó que las nuevas iglesias en Honduras y Guatemala fueran consideradas como parte de la responsabilidad de la Misión de México de la JMF CBS con Guillermo Jackson Webb, misionero veterano de aquella misión, haciendo visitas periódicas para supervisar la obra en esos países. Webb había estado presente recientemente en la reunión de la nueva Convención en Guatemala y volvió con buenos informes de la obra, particularmente de la libertad prevaleciente para evangelizar
Anteriormente, cuando Pablo Bell había hecho contacto inicial con la obra en Guatemala y Honduras para la junta domestica misionera de la convención Bautista del Sur, había observado y reportado las necesidades físicas de los pastores. Esta junta había comenzado a proveer fondos para un plan de ayuda fraterna. La ayuda alivio temporalmente la crisis económica pero a lo largo produjo problemas serios habiendo creado una dependencia. Esta acción consistía en pagar a los pastores de obras nuevas y de iglesias en aprietos financieros.
Luego de un año el Comité para Latinoamérica de la junta misionera foránea hizo la recomendación al Comité Administrativo: «Que una pareja con experiencia ahora en México sea enviada a Guatemala para trabajar con las diez iglesias que son apoyadas ahora por la Junta Misionera Foránea. Los Fondos para este apoyo habían sido aprobados seis meses antes para «los salarios de obreros en Honduras y Guatemala. Se informó el 12 de febrero de 1948 que el misionero W. J. Webb, presidente del seminario en Torreon, Coahuila, México, había aceptado el llamado de trasladarse a Guatemala para trabajar con las iglesias con las cuales estaban colaborando.
Las Primeras Iglesias y la Expansión (1947 - 1953)
Webb atendía los asuntos relacionados con el nuevo campo de Guatemala y Honduras desde Torreón, México hasta que se trasladó con su familia a Guatemala en mayo de 1948. Resulta que los Webb fueron la única pareja de los bautistas del sur sirviendo en Guatemala hasta que llegaron William Bowdler y su familia en 1951. La estadía de los Bowdler fue interrumpida cuando un hijo contrajo la poliomielitis, y tuvieron que salir. Llegaron dos nuevas parejas para Honduras y cuatro para Guatemala en 1954 y 1955.
Un informe rendido a la JMF, el 19 de abril de 1949, cita una carta de Webb que dice. «Honduras, contiguo a Guatemala, tiene completa libertad religiosa y está abierta al evangelio. Estamos ayudando a dos pequeñas iglesias allá pero se necesita urgentemente una pareja misionera.
Los nuevos creyentes en El Banquito no perdieron tiemро, escribieron al misionero Pablo C. Bell, pastor de la Iglesia Bautista Cocoli, quien vivía en la zona del canal de Panamá. En pocos días Bell viajó a Honduras y Guatemala para explorar que posibilidades había para la obra. Le acompañaron en el viaje tres hermanos: su hijo Pablo, el reverendo José Prado Cideres, pastor de la Iglesia Bautista Redención, también de la Zona del Canal, y el reverendo Aurelio Gutiérrez Caballero, pastor de la Primera Iglesia Bautista de San José, Costa Rica. Sin duda, Bell había recibido las cartas que le escribieran los hermanos en Guatemala. El propósito del viaje fue visitar a las congregaciones y confirmarlas en su fe.
Mientras el avión en que viajaron despegó del aeropuerto en San José, rumbo a Honduras, el Dr. Bell, «entusiasmado por el viaje dijo: ‘Este viaje tiene historia, aquí vamos en misión Pablo, Bernabé, Silas y Timoteo.’ Y al decir Timoteo señaló a su hijo Pablito. Al llegar a Tegucigalpa se encontraron con la mala noticia de que Prado Cideres no podía entrar a Honduras debido a que era de nacionalidad española. Él tuvo que continuar vuelo a Guatemala y esperar a los demás quienes llegarían después de tres días.
Entre tanto, Gutiérrez y los Bell se quedaron en Tegucigalpa para ir el día siguiente por tierra a Choluteca y San Marcos de Colón. Pasaron tres días visitando a los creyentes con quienes habían tenido contacto. Estos respondieron favorablemente a las enseñanzas e instrucciones que impartían los visitantes. Gutiérrez había mantenido correspondencia con Francisco Zelaya de Choluteca durante algunos años, y él aceptó gustosamente incorporarse a la fe bautista. Cuando los visitantes continuaron su viaje hacia Guatemala dejaron a Zelaya encargado de la nueva obra en Choluteca y San Marcos de Colón.
Las iglesias que iban a visitar en Guatemala, como la de Choluteca, habían sido influidas por libros y literatura publicada por la Casa Bautista de Publicaciones, en El Paso, Texas. Algunas de estas iglesias se consideraban bautistas. Varias congregaciones habían formado su propia convención en 1928 que se llamaba la Convención Fraternal Guatemalteca. «Esta nueva ‘convención’ rechazó la eclesiología de la Misión Centroamericana y adoptó el Manual para Iglesias Bautistas y el Pacto de Una Iglesia Bautista, ambos publicados por la Casa Bautista de Publicaciones. En busca de ayuda esta ‘convención’ escribía a los bautistas de San Salvador y Nicaragua y aun a Pablo Bell en Panamá.
Al principio de la década de los 40 algunos jóvenes de Honduras y Guatemala, de antecedentes con iglesias de la Misión Centroamericana, se enrolaron en el nuevo seminario Latinoamericano en San José, Costa Rica. Allí fueron expuestos a libros y enseñanzas bautistas.
En el seminario formaron amistades con alumnos, profesores y pastores de otros países. Una de estas amistades fue la de Aurelio Gutiérrez, pastor de la Primera Iglesia Bautista de San José, con Francisco Zelaya de Choluteca, Bell, su hijo Pablito, y Gutiérrez continuaron a Guatemala donde se encontraron con Prado Cideres. Se reunieron con los líderes de las iglesias que tenían interés en adoptar la doctrina y con las cuales habían tenido correspondencia. Examinaron a los líderes guatemaltecos en asuntos de su fe, y satisfechos de su testimonio los bautizaron De esta ocasión Ted Lindwall escribió, «Todos los bautistas guatemaltecos se sometieron al bautismo por inmersión.» Él cita también al pastor bautista pionero de esa época, el reverendo Luis E. Quilo quien en muchas ocasiones decía, «El bautismo fue y es la única puerta de entrada a una iglesia bautista y esto es sin excepción.
La nueva iglesia bautista en Choluteca y las de Guatemala habían decidido identificarse con la denominación bautista. El Dr. Bell informó a la Junta Misionera Foránea de esta decisión tan pronto regresó a Panamá. La Junta Misionera Foránea de la Convención Bautista del Sur aparentemente comenzó a mostrar un interés activo en América Central a partir de recibir el informe de Bell.
Mientras tanto, la obra bautista en el sur de Honduras crecía con la organización de la segunda iglesia en San Marcos de Colón, en 1947. en Choluteca; estaba esperando la visita de Francisco Meléndez de Guatemala, quien había sido condiscípulo suyo en el seminario en San José. Esperaba que él y su esposa fueran bautizados por Meléndez durante esa visita, y así poder comenzar su ministerio como miembro de una iglesia bautista, habiendo hecho esto como un ejemplo para otros hermanos, Relata que su bautismo anterior fue por aspersión, lo que a la luz de la verdad bíblica no es bautismo. Webb comenzó a considerar a Casco como un obrero potencial: lo había incluido en el presupuesto pastoral del siguiente año.
Casco fue ordenado al pastorado el 11 de octubre de 1949, en San Marcos de colon, con la participación de W. J. Webb y J. A. Corea, pastor nicaragüense de la Primera Iglesia Bautista de León, y otros pastores hondureños. La iglesia funcionó durante algunos años pero eventual-mente fue abandonada o desapareció, según López.
Una obra fue iniciada en El Corpus, alrededor de 1948, con Inés Aguilar como pastor. Webb visitó la obra en Honduras en julio de 1949 y regresó con una visión de las oportunidades que había. Visitó las congregaciones nuevas de San Jerónimo, El Jordán y San Antonio de Flores donde aprovechaban para aconsejar a los obreros. En aquella gira visitó la primera congregación iniciada en Comayagüela, ciudad gemela con Tegucigalpa donde bautizó a dieciséis nuevos hermanos. Esta congregación fue organizada en octubre de 1949 como hija de la iglesia bautista de Choluteca.
Un carpintero y ebanista, Claudio Montes, originario de León, Nicaragua, y miembro de la Primera Iglesia Bautista de aquella ciudad, llegó a Comayagüela a finales de 1948. Montes escribió el 11 de febrero de 1949 al Dr. Arturo Parajón, pastor de la Primer Iglesia Bautista de Managua, solicitando ayuda. La carta pasó de unos a otros hasta llegar a manos del Pastor Emigdio Escobar, quien respondió inmediatamente a la carta y prometió visitarlos muy pronto, Escobar llegó a Tegucigalpa el 15 de marzo de 1949 y junto con el Sr. Montes comenzó una serie de reuniones en el Barrio Belén, de Comayagüela, en un edificio en la calle Country Club. Según un monógrafo escrito por Filiberto Barahona, el alquiler de este local fue pagado por doña Inéz Argueta, El hermano Escobar predicó durante esta semana y trece personas aceptaron a Cristo. Don Guillermo Webb, de paso por la capital, predicó una noche y dos personas respondieron a la invitación.
Desde el inicio una sombra comenzó a asomarse sobre la nueva congregación. En una carta escrita por Arturo Casco, el 27 de junio de 1949, se informaba a Webb de un asunto muy desconcertante. Casco y su familia habían ido a Managua, Nicaragua para atender la salud de su hijito en el hospital Bautista de aquella ciudad. Mientras estuvo en Managua el hermano Casco supo de algunos antecedentes de Emigdio Escobar, oriundo de Nicaragua y quien recientemente fue llamado como pastor de la nueva congregación en Comayagüela. Resulta que Escobar habia salido de Nicaragua con una mala reputación; había sido «expulsado de varias iglesias por contencioso y por haber cometido adulterio. Casco añadió que los líderes de la Convención Bautista de Nicaragua podrían proveer otros datos referentes al comportamiento de Emigdio antes de su salida.
Varios meses pasaron y Escobar visitó a las congregaciones del área de San Antonio de las Flores con un cuestionario con preguntas capciosas sobre si los hermanos habían oído algo acerca de un plan que Casco quería efectuar, cambiando el pastor en Comayagüela, para imponer a otro. Al saber de esto Casco sumamente sorprendido se exasperó por la malintencionada calumnia. No obstante, la congregación en Comayagüela seguía creciendo y el 13 de octubre de 1949 fue constituida como iglesia con 18 miembros. Guillermo Webb presidió en este evento. Entre los asistentes había algunos miembros de Choluteca y San Marcos de Colón y José Antonio Corea de la Primera Iglesia Bautista de León, Nicaragua. Al comienzo, la nueva iglesia fue llamada Primera Iglesia Bautista de Comayagüela, pero luego se cambió el nombre a la Primera Iglesia Bautista Betel de Comayagüela.
Posteriormente en el año el hermano Escobar y el joven Inocente Maldonado de Betel visitaron a un grupo de hermanos disidentes de la iglesia de la Misión Centroamericana en Siguatepeque. Se habían separado de por algunas diferencias doctrinales. Estos hermanos querían conocer acerca de la nueva obra bautista en Honduras. De esta manera comenzó la extensión misionera hacia esa ciudad en 1949.
El periódico Nueva Era del mes de abril de 1953 informa de solo tres iglesias bautistas en Honduras: una en San Marcos de Colón, una en Choluteca y una en Comayagüela. Además, había varias congregaciones misioneras, especialmente en el sur del país, y una nueva obra en Siguatepeque a 118 kilómetros al norte de Tegucigalpa. La congregación en Siguatepeque aún no se había constituido como iglesia, pero sirvió en 1958 como sede de la primera sesión anual de la Asociación Bautista de Honduras. Fue constituida como iglesia durante el año y llamando a Arturo Casco como pastor. Esta fue la cuarta iglesia establecida en Honduras.
El historiador Guillermo R. Estep observa que «mientras se cerraron las puertas para las misiones en Europa y Asia la oportunidad de hacer obra en América Latina se hizo una realidad. En los años siguientes fueron añadidos nuevos misioneros.
Desarrollo Misionero y Retos Doctrinales (1954 - 1957)
En 1952 la Junta Misionera Foránea nombró a los primeros misioneros para Honduras. Los esposos Hurst, Haroldo y Alicia, fueron designados misioneros para Honduras durante la primavera de 1952. Estudiaron español en San José, Costa Rica durante un año y llegaron a vivir en Tegucigalpa en 1954. Más tarde en este mismo año dos misioneros más se unieron a ellos, Juan y Wynona Ratliff.
Los Hurst y los Ratliff se dieron de lleno a su nuevo trabajo. En la división de las responsabilidades los misioneros estuvieron de acuerdo con que los Ratliff cooperarían con la congregación en Comayagüela, la que llegó a ser llamada la Iglesia Bautista Betél. Los Hurst decidieron comenzar una nueva obra en Tegucigalpa en el Barrio Manchén, la que eventualmente se llamaría La Primera Iglesia Bautista de Tegucigalpa. La nueva congregación se abrió con algunos miembros de Betel en Comayagüela, pero con cierta resistencia. En una breve reseña de la nueva congregación en Comayagüela un miembro escribió que durante una sesión de negocios el hermano Haroldo Hurst presentó la idea de comenzar una nueva iglesia en Tegucigalpa. El había discutido esta posibilidad con el hermano Arturo Casco y los dos concluyeron que era la voluntad de Dios. La iglesia aprobó la idea y dio permiso que los Hurst comenzaran la misión en Barrio Dolores cerca del colegio María Auxiliadora, Varias personas expresaron su interés en ser parte de esta nueva congregación, incluyendo al joven Inocente Maldonado, pero la idea no fue apoyada por algunos de los miembros de Betel. No entendían el asunto de la pérdida de una porción de la membresía de la iglesia para comenzar otra. Sostuvieron una reunión de los miembros el 4 de octubre para explicar de nuevo el proceso. Juan Ratliff explicó el procedimiento que fue verificado tanto por Hurst, como por Casco. Después de una explicación minuciosa Ratliff recordó a la iglesia que ya había sido aprobado anteriormente la acción de comenzar una nueva obra.
Los interesados no perdieron más tiempo. Buscaron de inmediato un local donde podrían comenzar la nueva obra, fabricaron los muebles y estuvieron listos para el primer culto el 17 de octubre. Veinte personas estuvieron presentes para la Escuela Dominical y cuarenta asistieron el culto nocturno. La asistencia variaba al comienzo pero pronto aumentaría a un buen número de asistentes.
Durante los primeros meses había solo un vehículo, un Jeep, entre las dos familias en Tegucigalpa. Había sido importado con los enseres de la familia Ratliff. En una reunión del Comité Ejecutivo pidieron que se comprara una mula para el uso de Ratliff para poder llegar los lugares que no podían con el Jeep. Existe en los documentos de este periodo un recibo de caja chica firmado por H. E. Hurst para pagar el arriendo de una «bicicleta, un hombre para buscar las mulas, forraje, y otras cosas que costaron un total de 143.60 Lempiras,» lo que confirma en parte el costo del mantenimiento de las mulas de los intrépidos misioneros
Durante los primeros años los misioneros en Honduras y los misioneros en Guatemala formaba una sola organización: La Misión Guatemala-Honduras, de la Junta Misionera Foránea, de la Convención Bautista del Sur. Se reunió en la Ciudad de Guatemala los días 16 y 18 de junio de 1954 con cuatro parejas presentes: dos de Guatemala, Guillermo e Inez Webb y Chester y Dorotea Cadwallader, y dos de Honduras, Haroldo y Alicia Hurst y Juan y Wynona Ratliff. Alternaron las reuniones anuales entre Guatemala y Tegucigalpa.
Para el primer año escogieron a Juan Ratliff como presidente Entre los asuntos considerados en la primera reunión fue establecer presupuestos separados para las dos «estaciones», la de Honduras y la de Guatemala para el siguiente año. La decisión de la familia de Pablo Bell, hijo, de radicar en Guatemala en vez de en Honduras como habían sido asignados originalmente, la compra de un terreno para la nueva obra en Siguatepeque, y la compra de otro automóvil para los misioneros en Honduras. También decidieron que las iglesias en Honduras deberían organizarse en una convención nacional por separado. Hasta ahora la obra en Honduras había sido considerada como parte de la de Guatemala, la obra más fuerte y antigua.
El número de las familias misioneras para Guatemala y Honduras aumentó a cuatro entre 1954 y 1955. Fueron el Rvdo. Chester Cadwallader y señora Dorotea, el Rvdo. Guillermo Dyal, hijo, y su señora Edith, el Rvdo. Clark Scanlon y señora Sarah, y el Rvdo. Pablo Bell, hijo, y su esposa Bessie. Estos nuevos misioneros representaban una nueva y más joven generación, tenían sus propias ideas y nuevas estrategias que a veces distaban bastante de las de los más antiguos. Como opina el historiador Justo C. Anderson cada nuevo misionero llegaba al campo misionero con sus propias nociones de cómo hacer la obra. Anderson atribuye esto al hecho de que la Junta Misionera Foránea estaba creciendo rápidamente y no tenía durante este período un programa de orientación eficaz para nuevos misioneros.» Anderson señala que durante este período «la Junta Misionera Foránea de la Convención Bautista del Sur estaba en el proceso de cambiar su filosofía de una forma de trabajo fuertemente subsidiada económicamente hacia un tipo de obra autóctona y auto sostenida. Los nuevos misioneros en Guatemala fueron altamente motivados y no estuvieron de acuerdo con las relaciones dependientes y el programa de ayuda fraternal al que se habían acostumbrado las iglesias. Esto resultó en conflictos entre ellos mismos y en la polarización entre las iglesias con que trabajaban.
Después de que los Ratliff comenzaron su ministerio en Comayagüela, los Hurst pidieron que la iglesia les permitiera comenzar una nueva congregación en Tegucigalpa. La iglesia aprobó su solicitud el 6 de septiembre de 1954. Durante un culto de oración en la casa de los Hurst el 17 de septiembre ellos y los miembros de Comayagüela que iban a ayudarlos en la nueva obra comenzaron a orar por un lugar que pudiera servir como sede a la nueva congregación. El día siguiente se reunieron en el barrio que habían escogido, Barrio El Manchen, y a cinco minutos de haber llegado, y apenas a media cuadra de donde habían estacionado el vehículo, localizaron un edificio aceptable y lo alquilaron. Comenzaron a acondicionarlo y a equiparlo con bancas y un púlpito. El tres de octubre de 1954 la pequeña congregación se reunió para inaugurarlo. Los presentes incluían a don Miguel Aguilar, doña Emperatriz de Aguilar, señorita Consuelo Aguilera, doña Tomasa Carranza, don Inocente (Chente) Maldonado Jiménez y los misioneros Haroldo y Alicia Hurst. Nombraron a maestros para la Escuela Dominical: Alicia de Hurst como maestra de los jóvenes y don Haroldo como maestro de los adultos. Con este inicio modesto oraron e hicieron planes para el servicio inaugural el 17 de octubre del mismo años Algunos de los miembros de la iglesia en Comayagüela no estuvieron de acuerdo con que miembros de su iglesia salieran para formar parte de la nueva obra. Pensaban que los Hurst debían comenzar la nueva obra sin tomar miembros de la iglesia madre. Se convocó una sesión de los miembros de la iglesia Bautista Betel durante la cual el hermano Juan Ratliff explicaba el propósito de una congregación misionera Recordó a los hermanos inconformes, que la iglesia ya había dado permiso para que se comenzaran la nueva congregación, Hablaron a favor del proyecto los hermanos Arturo Casco y Haroldo Hurst, y al fin de la sesión prevaleció un buen espíritu entre los hermanos. Se constituyó la Primera Iglesia Bautista de Tegucigalpa en octubre de 1957 y se llamó a Inocente Maldonado para ser su pastor. Los Hurst continuarían colaborando con la nueva iglesia. **
Un pequeño depósito de libros que funcionaba en la residencia de los Hurst fue traslado a un edificio alquilado cerca del centro de Tegucigalpa durante 1957. La Misión adquirió el edifico para el Centro Bautista con espacio para oficinas de los misioneros y para la librería. Los miembros varones de la misión hicieron un viaje de reconocimiento por gran parte del país durante este año para tener una mejor idea de las oportunidades que había en Honduras. En su informe anual a la misión Hurst comentaba que el viaje serviría «para alargar nuestra visión y desafiar a nuestros corazones para una obra más grande.
Los misioneros en Honduras cooperaron durante algunos años con sus colegas en Guatemala como miembros de una sola organización misionera para sus reuniones anuales y con un solo comité ejecutivo. Los días 28 y 29 de enero de 1955 el comité ejecutivo de la misión de Guatemala-Honduras se reunió con el nuevo secretario de América Latina, el Dr. Frank K. Means. Uno de los asuntos considerados fue una carta de Haroldo Hurst en la cual solicitaba autorización para comenzar en Tegucigalpa una extensión del Instituto Bíblico Bautista con clases y créditos aceptados por el instituto en Guatemala. La solicitud fue aprobada.
Este nuevo instituto comenzó en la casa de la familia Hurst con clases para dos alumnos, Inocente Maldonado y su esposa Francisca. Las clases fueron dictadas por los Hurst y los Ratliff Además, don Haroldo comenzó una venta de libros desde su casa. Después, las clases del instituto fueron trasladadas al edificio de la Primera Iglesia Bautista, en el Barrio Manchén, de Tegucigalpa, y luego a otros lugares hasta que fuese construido un local permanente para la librería en el centro de la ciudad y otro para el instituto en la carretera hacia Valle de Ángeles
Surgieron algunas diferencias entre los misioneros con respecto a las prácticas y al gobierno de la iglesia, además de algunas diferencias interpersonales. Estos conflictos ocasionaron la renuncia de los Webb de la Misión de Guatemala-Honduras a finales de diciembre de 1955. «No estuvieron de acuerdo con la política de los misioneros jóvenes. Los Webb se trasladaron a Venezuela en donde sirvieron hasta su jubilación en 1962. Después de un período de servicio en Guatemala los Dyal y los Bell fueron transferidos, los Dyal a Costa Rica y los Bell a Colombia.
Anderson hace la siguiente observación acerca de los problemas: «En ocasiones misioneros agresivos se olvidan de que están trabajando con, y algunas veces bajo, el liderazgo nacional. A veces el liderazgo nacional tiene dificultad en entender los motivos y las iniciativas de la misión de la Junta Misionera Foránea de la Convención Bautista del Sur. Desafortunadamente la falta de armonía entre los misioneros de la Junta no ayuda con el problema, como en esta situación.» Anderson llegó a la conclusión de que a pesar de estos problemas interpersonales la obra bautista continuaba creciendo. Aunque la obra dependía mucho de la ayuda económica y fraternal de la JMF, poco a poco se movía hacia el auto sostenimiento. Uno se pregunta, ¿hasta dónde hubiera crecido la obra sin estos problemas?
La misión, ahora engrandecida con el aumento de nuevas parejas misioneras, comenzó a analizar el asunto de la ayuda financiera para los sueldos pastorales, una práctica bien arraigada desde el comienzo de la obra. El asunto comenzó a provocar muchas deliberaciones y a causar desacuerdos entre los misioneros. Esta preocupación se refleja en las actas del Comité Ejecutivo del 7 de noviembre de 1955. Pablo Bell, hijo, y Clark Scanlon mantuvieron una discusión en la cual consideraban el principio del auto sostenimiento. Obviamente no fue un asunto fácil de abordar puesto que la Misión todavía estaba en su fase formativa y las iglesias con que trabajaban estaban acostumbradas a recibir el subsidio pastoral de la Misión. Los misioneros recién llegados tenían esperanzas de poder lograr un cambio. Las actas de la reunión reflejaban esta esperanza: «Estamos en la posición ahora para decidir cuál dirección podremos tomar. Bell y Scanlon presentaron el concepto de la iglesia «autóctona» en dos sesiones extendidas, después de las cuales el Comité Ejecutivo acordó que para la siguiente sesión «debemos venir preparados para tomar una decisión concreta en pro o en contra respecto a la proposición de Bell y Scanlon.»
Sin tomar en cuenta a los hermanos nacionales, los misioneros en Guatemala comenzaron a implementar las políticas cambiantes y a activar un plan de reducción de subsidios con la intención de reducir la ayuda fraternal a los pastores y a las iglesias. La intención de la Misión fue estimular a las iglesias a lograr su auto sostenimiento, pero lo inesperado de la decisión sin previa consulta provocó un clamor entre los pastores quienes estaban acostumbrados a depender de la ayuda financiera de la Misión, Todo esto provocó una crisis entre los hermanos guatemaltecos y los misioneros que se extendió por muchos años.
Los misioneros en Honduras no estaban tan prestos de aplicar la decisión que el Comité Ejecutivo había tomado en febrero de 1957 Después de un estudio cuidadoso del asunto adoptaron un plan revisado del auto sostenimiento y volvieron a considerar la propuesta original del 8 de noviembre de 1955. A la luz de «la situación actual, tanto con respecto a las obras existentes como con las que han de comenzar en el futuro…» proveerían asistencia para las siguientes categorías: obras nuevas, obreros nuevos, obras existentes, y un fondo para préstamos para nuevos edificios y propiedades.
El informe declara acerca de la convicción que deberían proveer ayuda económica para facilitar el comienzo de nuevas obras. Esta ayuda estaría limitada a una asistencia mínima para un obrero, el arriendo de una capilla y de una casa para el obrero. Tal ayuda se proporcionaría hasta que se organizara una Escuela Dominical o un punto de predicación. La ayuda sería reducida gradualmente a medida que la obra creciera y pudiera hacerse responsable de estos gastos. La meta fue ayudar en el comienzo de una nueva obra con el objetivo que llegara a su propio sostenimiento. La idea del auto sostenimiento fue definida en instrucciones procedentes de la oficina del secretario para América Latina: «Una iglesia auto sostenida es una que paga el salario del ministro y los gastos normales de la iglesia, sin subsidio de la convención nacional o de la Junta Misionera Foránea. De esta manera se aclaró el término para toda América Latina.
Entre las condiciones para ayuda económica para pastores mencionadas por Hurst y Ratliff se establecía que cualquier obrero nuevo debería de ser miembro de una iglesia bautista durante dos años por lo menos y debería haber estudiado por lo menos un año en un instituto o seminario reconocido por la Misión. Desde el comienzo de la actividad misionera en Honduras en 1946, hasta el tiempo de los Webb, había la práctica de dar subsidio pastoral a los obreros. Aun cuando llegaron nuevos misioneros permanentes en 1954, se continuaba con esa costumbre. Esta práctica fue delicada y difícil de tratar, y retardó el crecimiento saludable de la obra durante algunas décadas. En un estudio sobre el desarrollo de la obra en Honduras, hecho al fin de la década de los 60. Se comentó que «La obra en Honduras comenzó mal y su desarrollo lento se debe a este comienzo. Honduras es un ejemplo clásico del modelo en el cual los misioneros deseosos de tener congregaciones y obreros empleaban dinero norteamericano para obtener ambos.
Durante una sesión del Comité Ejecutivo de la Misión, el 16 de noviembre de 1956, fue presentada una decisión importante que delineó un nuevo rumbo para la obra. Clark Scanlon propuso que «Consideremos recomendar a la Junta Misionera Foránea que se divida la Misión en la Misión Bautista de Honduras y la Misión Bautista de Guatemala.» Entre las razones mencionadas fue el de los gastos incurridos, los problemas de la contabilidad en diferentes monedas, y los problemas propios por tratarse de dos países diferentes. La moción fue aprobada. La Misión consideraría las implicaciones de este cambio durante la próxima sesión del comité. La división de la Misión entre los dos países se efectuó al final de 1959.
Cabe aclarar el nombre de la iglesia en Comayagüela. Un documento no publicado, «La Historia de los Bautistas en Honduras», escrito por Wilson y otros señala que desde 1951 hasta 1957, mientras Arturo Casco era el pastor, el nombre de la iglesia fue Iglesia Bautista de Comayagüela. Entre 1957 y 1959, cuando Florencio Barrena sirvió como pastor, el nombre de la iglesia fue Iglesia Bautista Betel de Comayagüela. Entre 1959 y 1962, el período en que Luis Sepúlveda fue el pastor, la iglesia fue conocida con el nombre de Segunda Iglesia Bautista Betel de Comayagüela para no confundirse con la otra iglesia. El nombre fue cambiado a Primera Iglesia Bautista de Comayagüela, su nombre oficial. No obstante, todavía se le conoce con el nombre «Betel»
La nueva iglesia se cambió de local donde se reunía tres veces durante seis años y estuvo al punto de perder el local que había ocupado desde en 1956. A consecuencia de esto la Misión de Guatemala y Honduras acordó pedir permiso de la JMF para utilizar los fondos concedidos para otro motivo, para solucionar la necesidad de un local permanente. El permiso fue para que compraran un terreno para la construcción de la primera capilla permanente de la congregación de Comayagüela.
Al comenzar la obra en Honduras, no todas las nuevas congregaciones tuvieron éxito. Así ocurrió con una congregación en San Judas, un trasplante de la congregación de San Marcos, que se mudó allí porque más miembros vivían en San Judas. La congregación se llamaba «Getsemaní,» que después de varios años de esfuerzos dejó de existir en 1966. Sin embargo se reactivó en 1968 como una obra misionera de la iglesia en Choluteca.
Aparentemente las dos familias, los Hurst y los Ratliff, al comienzo se relacionaban en armonía, pero una nube de discordia causó malos entendidos entre ellas. Ambas familias asistían de vez en cuando a los cultos en inglés de la Iglesia Unión de Tegucigalpa. Pero el 17 de mayo de 1957 el Sr. Hurst escribió en una carta, «Durante un tiempo las relaciones entre los misioneros de esta estación (Tegucigalpa) se han deteriorado, Estoy seguro de que ambas parejas se han sentido molestas por algún asunto, pero hasta donde sé, ninguna ha escrito a Richmond para provocar algún problema.» Luego mencionó una carta anónima que había sido escrita al Sr. Ratiliff con respecto a que él había servido la Santa Cena en aquella iglesia. En vista de que los únicos misioneros bautistas del sur en Honduras en ese tiempo, «fue natural que él (Ratliff) pensara que yo (Hurst) fuera el que escribió la carta, Ambas familias se ofendieron muchos por este incidente, como se podía esperar, Haroldo escribió al Dr. Means para afirmar inocencia en el asunto con la esperanza de que él (Dr. Means) pudiera intervenir para aclarar el asunto. Hurst se sintió comprometido doctrinalmente por el hecho de que Ratliff oficiara durante la cena del Señor en una iglesia interdenominacional, y por esta razón escribió al Dr. Means, El Dr. Means respondió: «Lamento que ha habido un mal entendido respecto a la persona que escribió a la Junta acerca de uno de los misioneros que ofició la comunión en el culto de la Iglesia Union. Dado que no tengo la libertad de divulgar la identidad de la persona implicada, sirva esta para afirmar que usted no fue la persona que escribió a la Junta Misionera Foránea.
A fines de 1958 la familia Ratliff salió para un año de licencia a los Estados Unidos de América y Juan estudiaba en el Seminario Bautista Sureño en Louisville, Kentucky. A su regreso en Honduras los Ratliff sirvieron un corto tiempo antes de que fueran invitados a transferirse a Perú, en Sur América, donde Juan fue profesor en el seminario bautista en Trujillo en dos ocasiones, con un período intermedio en la ciudad de Lima.
Entre los años 1954 y 1959 varias de las congregaciones bautistas en el sur de Honduras fueron confrontadas con un problema que causaba mucha confusión. Un representante inescrupuloso, de un grupo bautista fundamentalista, comenzó a visitar las congregaciones y trataba de convencer de que no cooperaran con los bautistas del sur. Ofrecía a los pastores más dinero y algunos, incluyendo el pastor de la iglesia en Choluteca, se fueron con el fundamentalista en 1957. El nuevo grupo en Choluteca duró dos años antes de que muriera; y asi sucedió con la congregación de La Laguna.
La confusión causada por este nuevo grupo Bautista se prolongó durante algunos años e inquietó mucho a los misioneros, Uno de ellos dijo en su informe anual de 1957, «Una nota triste golpeó a Honduras durante este año cuando un grupo que se llama «Bautistas Fundamentalistas» entró al redil y comenzó a socavar a dos de nuestras iglesias y a llevarse a algunas misiones débiles. Aunque ha sido una experiencia agria, Dios la ha utilizado para fortalecer a las iglesias que permanecen…
El problema específico surgió en la Primera Iglesia Bautista de Choluteca, un domingo de noviembre de 1957, durante una sesión de negocios. La iglesia, con 17 miembros con voto, llamó a don Inéz Aguilar para ser su pastor con 13 votos a favor, tres en contra y una abstención. A medida que continuó la sesión don Alberto Martínez pidió al representante de la Misión Bautista explicar cuál sería la posición de la Misión referente a esta decisión.
El representante declaró que la Misión no podría aprobar al señor Aguilar como pastor por las siguientes razones: don Inez se había retirado de las iglesias bautistas en Honduras en enero de 1956, hecho conocido por la congregación de Siguatepeque y la Misión. En la misma fecha él había tratado de influenciar a un grupo de hermanos a separarse de la iglesia bautista en Siguatepeque para formar una nueva congregación con apoyo económico del grupo World Baptist Fellowship, conocido como los Fundamentalistas encabezado en América Central por Aurelio Gutiérrez. Por esto, el representante de la Misión, conociendo los antecedentes y que don Inez todavía mantenía relaciones con los Fundamentalistas, dijo que la Misión no podría respaldar a un pastor que mantuviera relaciones con otro grupo. El Sr. Ratliff declaró claramente que «por estas razones la Misión no puede apoyar a una obra encabezada por don Inez.» Aclaró que la Misión no podía impedir que la iglesia lo llamara pero no podría respaldar a la iglesia si así lo hiciera.
Enseguida el hermano Ratliff escribió una carta general a todos los hermanos bautistas de Honduras en la cual explicaba que «…Considerando las actitudes de algunos grupos bautistas que ahora se llaman Fundamentalistas o Independientes y que han tomado con referencia a las iglesias bautistas de la Convención Bautista del Sur, sepan todo hermano e iglesia que mantiene una relación con la Junta Misionera Foránea, y que han rotos los vínculos y las relaciones con nosotros y nuestro programa, todo apoyo moral y asistencia financiera que provee la Junta Misionera será retirada.
La Organización Nacional (1958 - 1959)
En una carta con fecha del 15 de diciembre de 1958 a la Junta Misionera Foránea que escribió Haroldo Hurst para acompañar el informe estadístico anual, él comenta que «Una iglesia que fue llevada por los Fundamentalistas en el sur (de Honduras) fue una pérdida grande en cuanto a los números, pero estoy seguro de que fue una bendición en cuanto a la purificación que resultó… El líder del grupo fundamentalista era Aurelio Gutiérrez quien había servido como pastor de la Primera Iglesia Bautista de San José, Costa Rica, y quien, irónicamente, estuvo entre los que hicieron el viaje exploratorio de los bautistas a Honduras en 1946.
Aparentemente algunos de los pastores que se retiraron de la obra tuvieron algunos problemas morales en su propia vida y otros dependieron mucho del dinero que estaban recibiendo de la Junta misionera. Una breve historia escrita por Wilson y otros al mencionar este problema comenta que «Cuando el salario llega directamente al pastor, él no siente ninguna responsabilidad hacia la iglesia y la iglesia no siente ninguna responsabilidad para sostener al pastor En otras palabras, estos fueron meros mercenarios.
Fue una lección difícil y costosa, pero más difícil aun fue poner en práctica la nueva forma puesto que los primeros pastores estaban acostumbrados a recibir sus subsidios económicos directamente de la Misión. Como se mencionó antes, el subsidio pastoral fue la práctica de la Misión al comenzar una nueva estación misionera para poder conseguir a hombres jóvenes y prometedores para ayudar comenzar la obra nueva. Se necesitaban varios años de enseñanza en las iglesias y de aplicar recortes al presupuesto para erradicar la antigua práctica y lograr una nueva mentalidad.
El seis de marzo de 1958 fue la fecha que señala un nuevo hito en el camino de la obra bautista en Honduras. En esa fecha se reunieron en Comayagüela representantes de cuatro iglesias bautistas y de una congregación misionera con el propósito de organizarse para coordinar mejor la obra del Señor en el país. Las iglesias y sus representantes fueron: El Edén de La Laguna, Filiberto Barahona, pastor, Getsemaní de San Judas, Juan Maradiaga, pastor; Primera Iglesia Bautista de Tegucigalpa, Inocente Maldonado, pastor; Iglesia Bautista de Comayagüela, Florencio Barrena, pastor; y la nueva congregación misionera de Siguatepeque, Arturo Casco, pastor. En esta sesión presidió Juan Ratliff. Desafortunadamente, la primera iglesia bautista organizada en Honduras, Choluteca, no fue representada entre los mensajeros presentes en esta reunión para formar la asociación.
El propósito de la reunión era elaborar estatutos para la nueva Asociación de Iglesias Bautistas de Honduras, Ruben Morales pastor de Guatemala, el conferencista de la ocasión, estuvo presente en la sesión cuando la nueva constitución fuera presentada. Felicitó al menos por el trabajo que habían hecho en el documento, y aconsejó que «se acuñase la palabra mensajeros en la constitución y no la palabra delegados, porque según el principio bautista, las iglesias nunca deben de delegar sus derechos a individuos.
Un buen espíritu prevalecía durante esta reunión y después de una amplia discusión los asambleístas adoptaron la siguiente introducción para el documento: «Consideramos que una iglesia cristiana Bautista es autónoma, independiente e interdependiente que en si es una organización completa que se gobierna, se propaga y se mantiene; pero como interdependiente necesita de la cooperación de las demás organizaciones o iglesias de la misma fe y práctica para una extensión más eficaz del evangelio. Por lo tanto la Asociación de Iglesias Bautistas de Honduras es el organismo que nos une en una cooperación voluntaria entre las iglesias de nuestra denominación para la extensión del reino de Dios en la República de Honduras…» Fijaron la fecha para la primera sesión anual para los días 25-27 de noviembre de 1958 en Siguatepeque.
Entre tanto, en 1957, fue comisionada una nueva pareja de misioneros para Honduras: Cecil Golden y su esposa Claire. Fueron a Costa Rica para estudiar el español un año y cuando llegaron a Honduras vivieron en Tegucigalpa. Don Cecilio sirvió como director del instituto bíblico en la capital hasta 1965 cuando la familia regresó a los Estados Unidos de América. Mientras vivía en Honduras él participaba en la obra evangelística y ayudó comenzar una nueva iglesia conocida como «Capilla Bautista El Berrinche». Esta nueva obra fue constituida en iglesia el 18 de junio de 1959 y fue llamada «Iglesia Bautista Central». Eventualmente, la iglesia ocupó un nuevo edificio en Barrio Soto, cerca del mercado municipal de Comayagüela.
Doña Alicia de Hurst escribió en el Informe Anual de 1959 acerca de la situación política del país: «A pesar de varios atentados y de tratar de derrocar al gobierno y una revolución, la obra bautista en Honduras no ha experimentado ninguna consecuencia negativa. Al contrario, la Misión experimentó algunos logros positivos, entre los cuales había dos avivamientos simultáneos que reportaron «más nuevos convertidos que miembros de las iglesias.»
La Sra. de Hurst informó que la Librería Bautista de Tegucigalpa fue «una de las mejor abastecidas y más estratégicamente ubicadas de Centroamérica. Estamos ubicado solo a dos cuadras de las oficinas gubernamentales, y a dos cuadras del Parque Central en la otra dirección.
Hizo mención especial en el informe de un proyecto evangelístico singular. Este proyecto consistía en una Biblia abierta y una guía devocional colocadas en una ventana de la Librería Bautista frente a la calle principal, lo que servía como un testimonio evangelístico en la ciudad capital.
Consolidación, Misiones y Obra Social (Años 60s)
Una nueva iglesia bautista fue organizada en Choluteca en 1960 con Don Ernesto Viera como pastor. Los Viera recientemente habían llegado a Honduras provenientes de Colombia. La iglesia madre de esta nueva iglesia fue la Primera Iglesia Bautista de Tegucigalpa, que también patrocinaba ese mismo año una nueva obra en San Pedro Sula con Manuel Castañeda, también de Colombia, como pastor. Esta nueva obra comenzó con una campaña evangelista con la ayuda de Inocente Maldonado, Haroldo Hurst y Cecilio Golden.
La nueva obra en San Pedro Sula comenzó en julio de 1959 con un grupo reunido “debajo de un árbol de mango al sur extremo de la avenida Lempira, frente al Cementerio Central”. Esta obra llegó a ser una prolífica iglesia sembradora de otras, extendiéndose a través de la ciudad y sus suburbios desde Villa Nueva, Pimienta. El Progreso y hasta Trujillo y Puerto Cortés.
Poco tiempo después del comienzo de la nueva obra en San Pedro Sula llegó en 1960 la familia Keyes: Leslie, Naomi y sus hijos. Ellos participaban con la nueva iglesia en sus ministerios, ayudando con la apertura de nuevos campos y en la construcción de edificios para estos. Tuvieron la ayuda de muchos grupos de voluntarios de los Estados Unidos de América en la construcción y equipamiento de estos templos. Entre sus contribuciones al desarrollo de la obra estuvo la compra de un terreno en la orilla norte del Lago Yojoa y la construcción de un centro de retiro que se llama BAGOPE.
La Misión en Honduras acordó comprar el terreno para construir el campamento en la ribera del Lago Yojoa durante la reunión anual entre el 18 y 23 de julio de 1966. Arturo Haylock colaboró con Leslie Keyes en la construcción y el equipamiento de dicho Campamento. Este centro pronto se convirtió en el lugar favorito de los bautistas hondureños y otros evangélicos para organizar conferencias y retiros espirituales, y continúa siéndolo hasta el presente. Miles son los que se han gozado del ambiente fresco, tranquilizante e inspirador de BAGOPE.
La segunda asamblea general de la Asociación de Iglesias Bautistas de Honduras se reunió en la Primera Iglesia Bautista, en el barrio El Manchén (Tegucigalpa), durante los días 23 al 25 de 1959. Muy importante entre otras decisiones tomadas fue la de nombrar un comité para publicar un órgano noticioso para la asociación. La Voz Bautista sería publicada cada dos meses con noticias de las iglesias y del mundo bautista. Los integrantes del comité del periódico fueron Inocente Maldonado, presidente; Cecilio Golden, asociado; y Emigdio Escobar, asistente. La primera edición fue para el primer bimestre de 1960. El periódico fue publicado durante algunos años pero fue descontinuado con excepción de ediciones ocasionales en las décadas más recientes.
La década de los ’60 fue testigo de mejoras progresivas en la economía hondureña; con excepción del sector agrícola que era irregular. Los avances reflejaban el hecho de que el país participaba en el Mercado Común de América Central. Con todo, Honduras fue el país menos desarrollado de la región a pesar del progreso que estaba experimentando. Era el país menos desarrollado del área en cuanto a la manufactura y el más pobre entre los estados de América Central. La llegada de Arturo Haylock y su esposa Martha, en 1960, compensó la pérdida de la familia Golden que había salido para Perú en 1958. Los Haylock vivieron en Tegucigalpa desde 1961 hasta 1964 y trabajaron en la evangelización. Estuvieron en los Estados Unidos de América un año (1964-65) y al regresar a Honduras se trasladaron a San Pedro Sula y vivieron allí hasta 1969. Los Haylock renunciaron en 1969 y salieron, pero en 1970 fueron comisionados de nuevo para servir en la República Dominicana.
La Misión Bautista compró en 1966 un lote cerca de la plaza central de Tegucigalpa y luego hizo construir un nuevo edificio permanente para la Librería Bautista con la intención de establecer allí un depósito de libros de la Casa Bautista de Publicaciones, para distribuir desde allí como mayorista a otras librerías en el país.
Entre las decisiones tomadas por la Misión, en la sesión de julio de 1967, hubo una que respondió a la petición de la Primera Iglesia Bautista de San Pedro Sula solicitando ayuda en el comienzo de una nueva iglesia en El Progreso, Yoro, con Juan Maldonado como pastor. Solicitaron en julio de 1967 fondos para construir un edificio para esta nueva obra. Decidieron también comprar una propiedad en Perspire para un templo. Tomaron otra decisión importante de solicitar una pareja de músicos misioneros, una pareja para trabajar en las Islas de la Bahía, y un doctor en medicina para trabajar en la clínica médica rural.
En un documento llamado Antecedentes Históricos, preparado en 1980 como parte de un estudio para planes de largo alcance, se incluye un análisis de la obra bautista durante sus inicios. Tal análisis señala varios estorbos y fracasos que afectaban la obra y que contribuían a la inestabilidad de las primeras iglesias. Entre estos se menciona el hecho de que al principio los pastores y muchos de los miembros habían salido de otros grupos evangélicos que no tenían un concepto del «programa de una iglesia bautista.» El documento concluye que los problemas al comienzo se debieron al intento de comenzar la obra bautista sin un programa bautista. A esta falta se le atribuye la razón por la cual algunas de las primeras congregaciones prácticamente desaparecieron, dejando una serie de problemas que había que resolver para poder establecer formalmente la obra bautista en Honduras.
Cuando llegaron en 1954 los primeros misioneros bautistas que fueron nombrados para Honduras tuvieron que trabajar con una base débil y tratar de proyectarse hacia el futuro con un programa basado en la evangelización y la educación cristiana. Trataron de hacer una transición hacia un programa verdaderamente bautista. Sin embargo, surgieron problemas que afectaron y retardaron la marcha. Una de las faltas que los nuevos misioneros tuvieron que tratar fue la de una lealtad mal dirigida de parte de los obreros hacia la «misión» en vez de hacia las iglesias que servían como pastores. Este concepto impedía la implementación de una reducción sistemática del subsidio pastoral y retardaba por varios años el movimiento hacia el auto sostenimiento de la obra, La idea de la asistencia fraternal fue vista como un factor negativo y la práctica fue tema de discusión a medida que los nuevos misioneros llegaban.
Otro problema fue la manera de seleccionar a los alumnos para el instituto bíblico. Aparentemente habían sido reclutados directamente por los misioneros con poca participación de las iglesias locales. Con todo, para el año 1979 esta práctica fue cambiada y las iglesias comenzaron a recomendar a los potenciales alumnos. Los años de 1958 hasta 1968 fueron considerados por un líder
Los pastores protestaban, naturalmente, porque su situación económica era precaria. Las iglesias, por su parte, estuvieron en la idea de que los pastores solo necesitaban recibir un salario modesto. La situación de los pastores al principio de la obra fue muy difícil, según un estudio hecho por un pastor nacional de la obra durante los primeros años.
Otro estudio hecho en 1970 por un comité internacional observaba que la manera menos eficaz de iniciar una obra era la de «emplear» a pastores nacionales que llegaron a considerarse empleados de la Misión. «Esto resultó en un paternalismo que puso al misionero en la posición de obispo en lugar de colaborador. Entre las iglesias establecidas en Honduras, usando este sistema, tres tuvieron que ser constituidas de nuevo.
El mismo estudio menciona varias maneras utilizadas para comenzar nuevas iglesias en Honduras. Entre los métodos mencionados estaban las campañas evangelísticas al aire libre, predicación en hogares y Escuelas Bíblicas de Vacaciones. Por ejemplo la Primera Iglesia Bautista de Tegucigalpa y la iglesia en Pespire resultaron de una Escuela Bíblica de Vacaciones, mientras que la Segunda Iglesia Bautista en el barrio Barandillas, de San Pedro Sula, resultó de cultos al aire libre. La primera Iglesia Bautista de San Pedro Sula y La Iglesia Bautista Galaad de Juticalpa comenzaron con visitación de casa en casa por parte del Pastor, estableciendo así un ambiente favorable para las nuevas iglesias. En la Colonia Kennedy, de Tegucigalpa la Obra comenzó después de un censo (el único ejemplo mencionado en el estudio que uso este método). El programa de Televisión “La Iglesia en tu Casa” fue usado en el caso de la Colonia Kennedy para preparar al público para el censo. El censo sirvió para generar un buen ambiente y los resultados facilitaron el comienzo de una nueva obra y revelaron algo de las actitudes hacia los evangélicos y los Bautistas.
Los esposos Roberts, Hoyt y Louise, llegaron a Honduras en 1964 y la señorita Frances Crawford lo hizo en 1966. La llegada de los Roberts facilitó la apertura de nuevas obras en La Ceiba y en el valle del Bajo Aguán, mientras en El Porvenir una iglesia resultó de la obra de la Srta. Frances como enfermera-partera en la clínica médica en El Porvenir. El pastor de la nueva iglesia en El Porvenir fue el hermano Víctor Rodríguez, quien también trabajaba en la clínica y así pudo conocer a la gente que llegaba para recibir atención médica. Además, Rodríguez pudo comenzar algunos puntos de predicación en el área. La Srta. Crawford había servido anteriormente en Nigeria, África occidental, donde estuvo desde 1962 hasta 1965. Había aprendido el español en San José, Costa Rica, antes de ir como enfermera al Hospital Bautista de Barranquilla entre 1954 y 1957, y luego en Gaza de 1957 a 1962. En adición a la clínica en El Porvenir, la señorita Fran-ces servía durante tiempos de crisis en el valle del río Aguán, después del huracán Fifi que azotó la costa norte y entre los refugiados nicaragüenses en el área de Choluteca después del conflicto Sandinista.
La misión en Honduras compró la propiedad y la casa en El Porvenir para la clínica de la señorita Frances. Haroldo Hurst con los nuevos misioneros Leslie Keyes y su esposa Naomi trabajaron para remodelar la casa para la clínica. Un laico bautista, el Sr. Owen Cooper, y dos médicos de Mississippi facilitaban este proyecto. Una mesa para examinar, materiales médicos y otros equipos fueron donados por el Hospital Bautista de Jackson, Mississippi. Un dentista de California donó una silla y algún equipo dental. El nuevo local tenía salas para consulta y auscultación, una sala para pacientes, un cuarto para los archivos y una sala de espera. Según la Señorita Frances, «antes la ‘sala de espera’ fue una sencilla banca sin respaldo debajo de un árbol de mango.
Don Miguel Valladares y su esposa, doña Chuy, ambos recién graduados del instituto teológico en Tegucigalpa, llegaron para cooperar con la señorita Frances en El Porvenir en 1968. Don Miguel continuó con una congregación misionera en San José de Yoculateca, San Ignacio, que Haroldo Hurst había comenzado. Otra congregación se comenzó en la aldea El Guante que estaba sobre el camino hacia Tegucigalpa.
Un voluntario del Cuerpo de Paz, Larry Fenton, llegó para trabajar en El Porvenir en julio de 1968 y pronto se relacionó con la clínica durante su tiempo libre. La señorita Frances escribió a sus amigos en los Estados Unidos de América, «Cualquier cosa que había que hacer Larry está siempre dispuesto a hacerla. Qué bueno es tener a alguien que habla inglés con quien puedo conversar de vez en cuando.» Judy Guerry, misionera de un programa especial de dos años, llegó durante este año para ayudar a la señorita Frances parte del tiempo además de otro trabajo en la oficina de la misión en Tegucigalpa. El trabajo de la clínica limitaba a «Miss» Frances de tal modo que «algunas veces no pude salir del portón. No me molestaba estar confinada cuando me necesitaban, pero lamenté no poder visitar a otros pueblos donde necesitan mucho la palabra de Dios y la asistencia médica.
El inicio de una nueva iglesia durante la década de los sesenta que siguió los métodos tradicionales sucedió en La Ceiba cuando una familia bautista se trasladó a vivir en aquella ciudad. Entre tanto, Hoyt y Louise Roberts, quienes habían llegado a Tegucigalpa en 1964 se trasladaron a vivir en La Ceiba. Alquilaron una casa en la Avenida República para su vivienda, pero la sala de estar de la casa era suficientemente grande para utilizarla en el inicio de una nueva iglesia. Empezaron con cultos de adoración con las familias de José Medina, Damián Reyes y otros.
Esta congregación halló un terreno contiguo al estadio de fútbol y lo compró con fondos donados por la iglesia en Belmont, Tennessee, de donde Hoyt era originario. También vinieron fondos para construir la capilla; parte de la propia iglesia y el resto de la ofrenda misionera anual Carlota Moon. Los miembros de la congregación también contribuyeron para el proyecto. Los Roberts ayudaban a comenzar nuevas iglesias entre las familias que se habían traslado al valle del Bajo Aguán del occidente hondureño debido a la situación bélica en la frontera entre Honduras y El Salvador.
La Iglesia Bautista Galaad en Juticalpa comenzó como una congregación misionera en 1960 y fue constituida en iglesia en 1963 con Juan Marcos Padilla como pastor. Según La Voz Bautista de septiembre de 1969 esta iglesia comenzó dos congregaciones misioneras más y construyó su propia capilla y otra para la congregación de El Encinal. Se informó que mantenía buenas relaciones con la Misión Bautista.
Wayne Wheeler y su esposa Annette estuvieron en el instituto de idiomas en Costa Rica durante 1966-67 en vista de ir a Honduras. La Misión los invitó a trabajar en Tegucigalpa cuando llegaran, «Por cuanto es aquí donde se siente la necesidad más urgente», dijo el Hno. Hurst al proponer tal asignación para ellos.
La misión en Honduras compro la propiedad y la casa en El Porvenir para la clínica de la señorita Frances. Haroldo Hurst con los nuevos misioneros Lesly Keyes y su esposa Naomi trabajaron para remodelar la casa para la clínica. Un laico bautista, el Sr. Owen Cooper, y los médicos de Missisipi facilitaban a este proyecto. Una mesa para examinar, materiales médicos y otros equipos donados por el hospital Bautista de Jackson, Missisipi. Un dentista de California dono una silla y algún equipo dental.
El inicio de una nueva iglesia durante la década de los sesenta que siguió los métodos tradicionales sucedió en La Ceiba cuando una familia bautista se trasladó a vivir en aquella ciudad. Entre tanto, Hoyt y Louise Roberts, quienes habían llegado a Tegucigalpa en 1964 se trasladaron a vivir en La Ceiba. Alquilaron una casa en la Avenida República para su vivienda, pero la sala de estar de la casa era suficientemente grande para utilizarla en el inicio de una nueva iglesia. Empezaron con cultos de adoración con las familias de José Medina, Damián Reyes y otros.
Durante la sesión anual de la misión del 18 al 23 de julio de 1966 Leslie Keyes Informo al grupo que el dinero estaba disponible para la compra de esta propiedad (en la orilla del Lago Yojoa) tan pronto como pudieran hallar un terreno apropiado. El Sr. Hurst propuso que el Sr. Keyes fuese designado para buscar un buen terreno e investigar la posibilidad de comprarlo… La propuesta fue aprobada y la Misión compró la propiedad donde actualmente se halla BAGOPE. Gradualmente se ha desarrollado en la propiedad un atractivo y funcional centro de retiro, uno de los mejores en América Central.
Durante la sesión anual de la Misión en el año 1966 se aprobó que el señor Hoyt consiguiera un plano arquitectónico para un edificio para la Iglesia Bautista Nazaret, en La Ceiba, cerca del estadio de fútbol. Lo hizo y el comité ejecutivo lo aprobó; pronto el edificio fue construido. Posteriormente, en 1983, se construyó una nueva casa misionera.
Durante la sesión del año siguiente la Misión señaló la importancia de tener datos estadísticos correctos. El Dr. Frank Means, secretario para América Latina, quien estuvo presente informó a los misioneros, «Las solicitudes de fondos deben justificarse con el crecimiento.» Además, informó que la membresía de las iglesias en Honduras había declinado en un 8% durante el año previo, mientras que en Guatemala había aumentado el 12%.
Había la esperanza de que fueran nombrados en breve nuevos misioneros para Honduras, lo que aliviaría la carga del trabajo que los actuales misioneros tenían que atender, especialmente en el área del ministerio de la literatura. Entre los nuevos misioneros solicitados por la Misión en 1967 había una pareja de músicos y una pareja para las Islas de la Bahía. (Cabe observar que una pareja de músicos fueron nombrada pero una pareja para las islas, no).
El Dr. Means informó de la Cruzada de las Américas en todo el continente durante 1966 y 1967. Instaba que los misioneros participaran en las reuniones informativas y de planificación. El promotor de la cruzada, el Dr. Rubens López, de Brasil, visitó Honduras en 1969. El Dr. James Crane, representante de la Junta en la región de Mesoamérica, informó que Ervin Hastey sería el coordinador regional del movimiento. La Misión decidió desafiar a la Convención a unirse con ella en un esfuerzo por financiar la campaña proporcionalmente en base a cinco Lempiras de la Misión por un Lempira de parte de la Convención.
Al concluir la sesión anual de 1966 el secretario de la misión observó en las actas que «La opinión de todos fue que esta reunión fue una de las mejores que jamás hayamos tenido. El compañerismo fue bueno, el tono fue excelente…
Como el apóstol Pablo, la iglesia debe obedecer la visión celestial. En una visión él fue llamado a Macedonia, y al llegar a la culminación de su vida testificaba que había sido obediente a aquella visión. «Y por la noche se le mostró a Pablo una visión en la que un hombre de Macedonia estaba de pie rogándole y diciendo: ‘¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!’… Por lo cual, oh rey Agripa, no fui desobediente a la visión celestial» (Hechos 16:9; 26:19, RVA).
¡Que los bautistas de Honduras, del presente y del futuro, puedan continuar siguiendo la visión celestial que obedecieron aquellos que iban antes que ellos!
Tomado del libro SIGUIENDO LA VISION una historia de los Bautistas de Honduras escrito por el Dr. Stanley D. Stamps
